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lunes, 17 de agosto de 2015

Método Madre Canguro (MMC)

Muchos de ustedes deben preguntarse ¿qué es el Método Madre Canguro (MMC)?, y muchos de ustedes también lo asociarán al porteo o exterogestación, pero se equivocan, ya que el MMC se define como el contacto piel a piel entre la madre y el bebé; de forma precoz, continua y prolongada en conjunto con la lactancia materna.

Este método se utiliza con mucha frecuencia en los recién nacidos pretérminos (prematuros) o de bajo peso al nacer, sin embargo en la actualidad se han comprobado múltiples beneficios sobre el MMC tanto para todos los bebés como para las madres… Les cuento un poquito más:

Se trata de un método eficaz y fácil de aplicar que fomenta la salud y el bienestar del bebé; sus principales características son:

• Contacto piel a piel temprano entre la madre y el bebé
• Lactancia materna exclusiva (en el caso ideal)
• Se inician en el hospital o clínica y se puede continuar en el hogar
• Los bebés pequeños pueden recibir el alta en un corto plazo
• Las madres en su hogar se sienten más cercanas a sus bebés

Los primeros en presentar este método fueron los doctores Rey y Martínez en Bogotá, Colombia, donde se desarrolló como alternativa a los cuidados en incubadora, inadecuados e insuficientes, proporcionados a recién nacidos pretérminosque habían superado dificultades iniciales y que necesitabanúnicamente alimentarse y crecer. Casi dos décadas de aplicación e investigación han dejado claro que el MMC constituye algo más que una alternativa a los cuidados en incubadora. Se ha puesto de manifiesto que el MMC repercute eficazmente en el control de la temperatura, la lactancia materna, el riesgo de infecciones, de episodios de apnea y fortalece el desarrollo de vínculos afectivos referidos a todos los bebés con sus padres, al margen de su entorno, peso, edad gestacional y situación clínica.

En este sentido el MMC constituye un método moderno de atención en cualquier entorno, el cual debe ser supervisado por un equipo especializado en el caso que el bebé esté en observación médica.

¿Cuándo iniciar el MMC?
El momento del inicio del MMC varía, lo ideal es que se realice inmediatamente después del parto y continúe durante los siguientes días después del nacimiento especialmente en los niños pretérminos o de bajo peso.

¿Cuánto dura el MMC?
La duración diaria y general del contacto piel a piel fluctúa desde algunos minutos (ejemplo 30 minutos al día como promedio) hasta prácticamente las 24 horas del día.
Van desde días hasta varias semanas. Cuanto más duran los cuidados, más fuerza adquieren los beneficios del MMC.

¿Qué vestimenta debe usar la madre?
La madre puede llevar cualquier prenda que le parezca cómoda y abrigada para la temperatura ambiente circundante, siempre que la prenda en cuestión permita acomodar al bebé, esto es, que se le mantenga firme y cómodamente en contacto con su piel. No es necesario el uso de ropa especial, a no ser que la que se lleve habitualmente sea demasiado ajustada.
Ideal que permita el contacto piel a piel con el tórax (pecho) de la madre.

¿Qué es la faja de sujeción?
Se trata del único artículo especial necesario para la aplicación del MMC. Ayuda a que las madres sostengan a sus bebés junto a su pecho de un modo seguro. Para comenzar, se recomienda emplear un pedazo de tela suave de en torno a un metro cuadrado, plegarlo en diagonal y asegurarlo mediante un nudo o bien introducirlo bajo la axila de la madre. Más adelante, una bolsa de transporte de la elección de la madre puede reemplazar dicha tela. Cualquiera de estas opciones concede a la madre libertad para mover ambas manos y le permite desplazarse con facilidad mientras transporta al bebé en contacto con su piel. 

¿Cómo debe estar el bebé? 
Si la temperatura oscila entre 22 y 24º C, el bebé al que se transporte en posición canguro no llevará más ropa que el pañal, un gorro y unos calcetines que lo abriguen.
Si la temperatura desciende por debajo de los 22º C, el bebé deberá llevar una camiseta de algodón sin mangas y abiertapor la parte delantera, de manera que el rostro, el pecho, el abdomen y las extremidades permanezcan en contacto piel a piel con el pecho y el abdomen de la madre. Posteriormente, la madre se cubrirá a sí misma y al bebé con su ropa habitual.

¿Cómo es la posición canguro? 
Se debe colocar al bebé entre los pechos de la madre, en posición vertical, de modo que el pecho del bebé quede en contacto con el de la madre.
• Se sostiene al bebé con la faja, la cabeza, vuelta hacia un lado, se hallará ligeramente extendida.
• La parte superior de la faja se hallará justamente debajo de la oreja del bebé. La posición ligeramente extendida de la cabeza mantiene abiertas las vías respiratorias y permite el contacto visual madre hijo.
• Hay que evitar tanto la flexión hacia adelante como la hiperextensión de la cabeza.
• Las caderas deberán estar flexionadas y las piernas extendidas en una postura que recuerde a la de una rana; los brazos también deberán estar flexionados Habrá que anudar la tela con una fuerza tal que, al levantarse la madre, el bebé no se salga. Deberá garantizarse que la parte más apretada de la tela se sitúe sobre el pecho del bebé. 
• La respiración y los latidos cardiacos de la madreestimulan al bebé, haciendo que se sienta cómodo y seguro.


Dormir y descansar
La madre dormirá mejor con el bebé en posición canguro si adopta una posición reclinada o semireclinada, de en torno a 15 grados con respecto a la horizontal. Ello puede lograrse mediante una cama ajustable, si se dispone de ella, o bien con varias almohadas apiladas sobre la cama. Se ha observado que dicha postura puede reducir el riesgo de apnea para el bebé. En caso de que a la madre le resulte incómoda la posición semi-reclinada, es preferible permitirle dormir como prefiera, dado que las ventajas que se desprenden del MMC son mucho mayores que el riesgo de apnea. Algunas madres prefieren dormir apoyadas sobre su costado en una cama semi-reclinada (el ángulo imposibilitadormir apoyada sobre el abdomen) y si el bebé está sujeto como se ha descrito anteriormente no existe riesgo de asfixia.
Una silla cómoda con respaldo ajustable podría ser útil para el reposo a lo largo del día.
  
RECORDAR LO MÁS IMPORTANTE: NO OLVIDAR QUE TAMBIÉN EXISTE EL MÉTODO PAPÁ CANGURO!!!

¿Y tú, qué esperas para practicarlo?



Karen Perez Ibacache
Kinesióloga

miércoles, 5 de agosto de 2015

Una Lactancia Cuesta Arriba

Cuando empecé mi formación como consejera de lactancia, una de las premisas que más se recalcaban tanto por parte de OMS y Unicef era: “los primeros 6 meses el bebé sólo se debe alimentar de lactancia materna y luego, idealmente continuar como complemento hasta los dos años”. Eso estaba grabado en mi chip interno, y para mí no existía otra opción ya que (y aquí viene la segunda premisa) “no hay mujer que no produzca leche, ya que ésta se produce por el estimulo de la succión y más succión del bebé”. Eso era lo que incansablemente yo le transmitía a mis pacientes con problemas de lactancia, y con un manejo integral siempre lograba que sacaran adelante su lactancia. Hasta que me tocó vivirlo a mi, y aquí comienza mi historia.

Mi embarazo no fue para nada lo que yo esperaba, por el contrario, fue muy complejo y agotador, con una Hiperemesis Gravídica de por medio, lo cual me hacía vomitar hasta agotar todas mis fuerzas. Este estado me duró casi hasta las 30 semanas, lo cual provocó en mi una gran baja de peso y al mismo tiempo perjudicando el crecimiento de mi bebé. Estaba cercana a la semana 38 de mi embarazo, cuando repentinamente rompí las membranas en la madrugada de un día martes. Dí aviso a mi Ginecólogo y a mi Matrona y la indicación fue que nos fuéramos lo más pronto posible a la clínica. Yo sólo botaba el líquido amniótico pero no sentía ningún dolor por contracciones. Al llegar, me internaron de inmediato, con reposo absoluto en cama hasta que llegara mi Ginecólogo. Cuando llegó y evaluó mi registro fetal, confirmó mis sospechas de que algo no marchaba bien: estaban bajando los latidos cardíacos del bebé porque probablemente traía su cordón umbilical enredado al cuello, y si continuaba así me tendrían que someter a una cesárea de urgencia. Entré en pánico. Siempre he sido partidaria del parto vaginal por sus múltiples beneficios y le tenía terror a la cesárea, entre otras cosas, por su influencia en perjudicar la lactancia. Me encomendé a Dios y le rogué que permitiera que mi parto fuera vaginal. Pasé en total 9 horas en trabajo de parto y cuando me iban a hacer un tacto de control para ver qué tanto había dilatado el cérvix uterino y... ¡Sorpresa! Ya estaba en dilatación completa. Me pasaron inmediatamente a la sala de partos, acompañada en todo momento por mi esposo y mi madre. Empecé a pujar pero me costaba, hasta que en un momento el Ginecólogo menciona la palabra “fórceps” y pujé con todas mis fuerzas dando a luz a mi pequeño hijo. Alcancé a ver su rostro solamente y lo sacaron a reanimación. Todo mi deseo de apego inmediato, piel a piel, se marchaba. 

Por unos momentos perdí el conocimiento, perdí la noción del tiempo y cuando desperté me encontraba en la sala de recuperación. Lo primero que hice fue preguntar por mi bebé. La Matrona me dice que está bien pero le están haciendo algunos exámenes. Sólo pienso en que quiero tenerlo entre mis brazos. Cuando finalmente me lo traen, me embarga la emoción. Estamos por primera vez juntos y a solas. Era un ser tan pequeñito y frágil, durmiendo profundamente. Instintivamente lo primero que hago es intentar ponérmelo al pecho, pero él no succionaba y a mi no me salía calostro. La Matrona me tranquiliza, me dice que es normal que las primeras horas el bebé esté mas somnoliento y que sólo es cosa de esperar la bajada del calostro. Bajada que llegó en mínima cuantía en esas primeras 48 horas que estuvimos internados. Al momento del alta, el Ginecólogo me la da sin problemas, pero el Neonatólogo al examinar al bebé me informa que lo nota con un tinte amarillo, por lo que es necesario descartar una ictericia previo al alta. Se me hace interminable ese par de horas, cuando finalmente llega el resultado: efectivamente sus niveles de bilis estaban elevados por lo que era necesaria una hospitalización para fototerapia. “No es mucho, a lo más serán 48 horas. Lo más probable es que sea por hipoalimentación de leche materna, ya que no tiene ningún otro factor de riesgo, pero además bajó mas del peso esperado que debería haber bajado”, me dice. Ahí viene mi primer sentimiento de culpa. No fui capaz de alimentar a mi bebé y por mi culpa ahora no nos íbamos de alta a casa y él tendría que quedarse internado. “Pero no desespere, la bajada de leche se produce entre el 3º y 5º día, así que continue poniéndolo frecuentemente al pecho”, cosa que también sabía, pero la culpa ya estaba instalada ahí.

Fuimos a casa a buscar más ropa para el bebé, para su hospitalización que obviamente no estaba prevista. Al llegar, estoy cambiándolo de ropa cuando noto que está con la temperatura corporal un poco elevada. Le coloco un termómetro y para mi horror el bebé estaba con fiebre. Partimos nuevamente de vuelta de inmediato. Al llegar, el Pediatra lo interna y nos dice que “puede ser fiebre por sed”, un mecanismo de defensa del propio organismo para avisar que hay una deshidratación, pero que de todos modos se harán exámenes para descartar una infección. El sentimiento de culpa se ahondaba aún más.

La succión del bebé se hacía mucho más débil aún, yo seguía con casi nula bajada de calostro y yo veía venir lo inevitable: habría que darle fórmula. El estrés se apoderó de mi y mi reflejo de eyección desapareció. Es sabido que la adrenalina lo inhibe por una razón muy sabia de la madre naturaleza: cuando las mamíferas están en peligro y deben huir junto a sus crías, la adrenalina hace desaparecer el reflejo eyectolácteo para que no queden rastros de leche materna que el depredador pueda oler y seguir. Y ahí estaba yo, estresada y sin una gota de calostro acompañada de una débil succión de mi bebé que no ayudaba a mejorar la situación. Y al verlo efectivamente deshidratado, con mis ojos llenos de lágrimas tuve que acceder a darle fórmula. En mi mente tenía la convicción que esto sería transitorio, que aún estaba dentro de los días en que vendría la bajada de leche. 

Por norma del Servicio de Pediatría, las madres puérperas no pueden acompañar al bebé en las noches, por una cosa de respetar el estado delicado que implica el puerperio en sí. Con el alma destrozada tuvimos que irnos con mi esposo, dejando solo a nuestro pequeño bebé. Llegar a casa y ver su cuna vacía fue un sentimiento terriblemente desgarrador. Esa noche no dormimos, esperando que amaneciera para estar nuevamente con él.

Al llegar, nuevamente hay malas noticias: los exámenes estaban alterados y el bebé efectivamente estaba cursando una infección, por lo que esas 48 horas de fototerapia que yo tenía estipuladas se desvanecían, ya que debería permanecer más días para tratamiento antibiótico. El único factor de riesgo para que hiciera una infección era la rotura de membranas. Nuevamente recibía otro golpe a mi conciencia. “Todo esto es mi culpa”, me repetía en mi cabeza una y mil veces. Mi esposo y mis padres, acompañando el proceso en todo momento, trataban de consolarme, de quitarme esos pensamientos, pero yo de todos modos pensaba que en el interior todos me responsabilizaban a mi. 

A pesar de todo, al llegar a ver al bebé, lo encuentro de mejor ánimo y mucho más despierto. La enfermera me dice “prácticamente se tragó los biberones de fórmula, lo que el bebé tenía era hambre y sed”. Yo trato de hacer caso omiso y me lo pongo nuevamente al pecho, él empezaba a succionar un poco más fuerte pero yo no sentía la famosa “bajada de leche”. La Enfermera me sugiere ir en busca de un extractor de leche para  estimular más y para intentar dejarle leche para sus tomas nocturnas. Yo sé que el extractor nunca ha sido un marcador fidedigno de la cantidad de leche extraída, pero decido que lo usaré igual. Empiezo con los masajes en las mamas, la estimulación del pezón y logro sacar unas escasas gotas de leche. Pero no son suficientes para poder dejarle a mi bebé. “No se preocupe, si total acá le seguiremos dando fórmula, así que de hambre no se va a morir”, me insistía la Enfermera. Palabras que yo no quería oír, porque yo debía ser capaz de alimentar a mi bebé. 

Yo tenía mi extractor en casa, el que ocupaba para enseñar en mi Clínica de Lactancia, pero que nunca había utilizado en forma personal. Sabía perfectamente las técnica de uso, pero ahora que era yo quien tenía que poner en práctica los conocimientos, lo sentía como un aparato intimidador. Noche tras noche, al llegar a casa mientras el bebé permanecía internado, me “conectaba” sagradamente al extractor, pero lograba sacar unas escasas gotas de leche. En mi interior persistía el sentimiento de culpa y el estrés. Yo lo atribuía a eso y pensaba que cuando llegáramos a casa, toda esta pesadilla acabaría y podría empezar normalmente mi añorada lactancia materna exclusiva a libre demanda. 

Finalmente el tan esperado día del alta llegó. Llegamos a casa y por fin estuvimos a solas con mi bebé. Las emociones (y las hormonas) fluían a gran velocidad. Llegaba el momento de reiniciar la lactancia como yo quería. Pero ahí estaban los ojos de todos sobre nosotros dos: “no se te ocurra dejar de darle fórmula, porque le puede volver a pasar lo mismo”. Y esa frase me llevo nuevamente a la inseguridad y resurgió la culpa inicial. Algo tenían de razón mi familia, y yo obviamente no quería que le pasara de nuevo lo mismo a mi bebé. La vulnerabilidad emocional que provoca el puerperio estaba apoderada de mi junto a esa persistente inseguridad de no ser capaz de producir la leche suficiente para mi hijo. En ese momento no quería ser la “experta en lactancia”. Quería ser una paciente más y que fuera otra persona la que me diera las directrices a seguir. Así fue como empecé solo a “rellenar” con fórmula luego de darle pecho. Seguí incluso los consejos caseros de mi abuelita (tomar malta con leche, el agua de avena, etc), que a pesar de que sabía que no contaban con estudios científicos que los avalaran, el efecto placebo lograba un sentimiento de confianza en mi.

Y llegó el día del primer control, el diagnóstico fue poco esperanzador: el bebé había subido escasamente de peso. Ahí lo que yo creía que eran suposiciones, se hizo tangible: mi familia me responsabilizó a mi, por darle “poco relleno”. Yo sentía que estaba haciendo todo bien, poniendo todos mis conocimientos de lactancia en práctica, pero algo estaba entorpeciendo mi camino. Y ahí vino un nuevo diagnóstico lapidario: yo estaba con mi prolactina por el suelo y realmente estaba con una hipogalactia, raro trastorno que produce baja producción de leche. Me quise morir, eso no me podía estar sucediendo a mi. La pena fue tan grande que tomé una decisión drástica: no sometería a mi bebé a pasar de nuevo por lo mismo, por lo que renunciaba a la lactancia materna. Así de extrema. Y simplemente no me brotó más leche.

Pasó una semana en que sólo le di fórmula a mi bebé, cuando se apoderó de mi un nuevo sentimiento: esta batalla no la perdería y era muy pronto para rendirme. Emprendería la lucha por la lactancia materna y no privaría a mi bebé de sus beneficios, aunque sólo pudiera darle unas gotas de leche. Así fue como decidí iniciar terapia con un medicamento galactogogo y empezar a usar otro de mis instrumentos de trabajo: el llamado Sistema de Nutrición Suplementaria (SNS) de Medela, también conocido como Relactador. Consiste en un recipiente que va colgado al cuello de la madre, en el que se coloca la fórmula láctea y del cual salen dos finas sondas de alimentación que se sujetan al pezón con una cinta adhesiva; al estar junto al pezón, permite que el bebé succione al mismo tiempo la fórmula y estimule al pezón. Es un sistema que entre sus múltiples usos, también sirve para estimular la producción de leche en las madres adoptivas o para alimentar a bebés prematuros o con succión débil. Empecé a usarlo diariamente, en cada toma, hasta que nuevamente empecé a producir leche. Poca pero realmente mía. Para mí, la sensación que entrega el Relactador es fascinante, ya que siento que mi bebé se está alimentando finalmente de mis propias mamas. 

Llegó un nuevo control con el Pediatra y junto a él, vinieron buenas noticias: el bebé había subido mucho más de peso y se encontraba muy saludable. Finalmente estaba en el camino correcto y así hemos continuado hasta el día de hoy: llevamos 3 felices meses de lactancia mixta.

En este punto me quiero detener: antes pensaba y predicaba que un pilar fundamental para construir el apego era la lactancia materna, pero ahora me he dado cuenta que no es así en estricto rigor. Yo le doy la fórmula a mi bebé  a través del Relactador con el mismo amor que si le estuviera dando sólo de mi leche, y el vínculo de apego lo hemos creado igual. Su carita al mirarme cuando se acopla al pecho junto a la sonda es de un amor puro, nos miramos y nos fundimos en ese acto de complicidad. Y así continuaré, dando la lucha por entregarle a mi bebé aunque sean unas gotas de leche materna el mayor tiempo que me sea posible.

Para finalizar, me gustaría decir que ninguna madre se debe sentir “menos madre” por no haber podido amamantar o no haber llevado una lactancia materna exclusiva. Cada gota de leche materna es un valioso regalo, y si es fórmula dada en biberón pero entregada con amor, se construye el lazo de apego de igual modo. Y si tienen el deseo de volver a lactar, también se puede; nadie dice que es fácil pero sólo es cosa de querer.

Esta es mi historia de lactancia.

Con cariño, Doctora Mamá.

domingo, 2 de agosto de 2015

Ley Criamor

Actualmente en Chile, la lactancia materna (al igual que el embarazo)  en el ámbito laboral de la mujer es un tema muy vulnerable, pero dentro de todo hay una luz de esperanza: hay un Proyecto de Ley, iniciado en moción de los Honorables Senadores señoras Pérez San Martín y Goic y señores Chahuán y Lagos, que establece medidas de protección a la lactancia materna y su ejercicio. A continuación les contaré de qué se trata.

Exposición de motivos.

Los beneficios de la leche materna para la salud pública en general y la de lactantes y madres en particular, han sido bastamente demostrados y documentados, reconociéndose como el alimento más adecuado para el desarrollo óptimo del lactante.

Por su parte, a través de distintos estudios, se ha podido constatar que la lactancia materna no sólo genera beneficios nutritivos, sino que además estimula el surgimiento de lazos afectivos estrechos y duraderos entre la madre y su criatura, forjados en la conexión sensorial que se establece entre ambos (a través del recíproco contacto visual, táctil, olfativo, gustativo y auditivo) y que se traduce en un factor determinante en la generación de vínculos de apego seguro para los niños y niñas, que condicionan la estabilidad en las relaciones interpersonales que establezcan durante su crecimiento. En base a estos antecedentes, distintas organizaciones internacionales han establecido que la lactancia materna es un derecho humano para la infancia, y un derecho para las madres y la sociedad en general, promoviéndose hoy la lactancia materna a “libre demanda” (cada vez que el lactante lo requiera) en forma exclusiva hasta los seis meses y complementada con alimentos sólidos al menos hasta los dos años.

En este orden de ideas encontramos variada normativa internacional que exige a los Estados políticas y legislación para el fomento de la lactancia materna y la protección a madre y lactantes contra todo impedimento a la lactancia natural:

1) La Convención de los Derechos del Niño, ratificada por nuestro país, cuyo artículo 24, consagra el derecho de todo niño a gozar del más alto estándar de salud, estableciendo asimismo que las familias y la niñez deben estar informadas sobre la nutrición y las ventajas de la lactancia materna”;
2) El Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna OMS/UNICEF, 1981, adoptado por todos los Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (Chile entre ellos), en que se reconoce que “existen diversos factores sociales y económicos que influyen en la lactancia natural y que, en consecuencia, los gobiernos han de organizar sistemas de apoyo social para proteger, facilitar y estimular dicha práctica, y han de crear un medio ambiente que favorezca el amamantamiento, que aporte el debido apoyo familiar y comunitario y que proteja a la madre contra los factores que impiden la lactancia natural”, prohibiendo además la publicidad y promoción de sucedáneos de leche materna.
3) Declaración de Innocenti sobre la protección, promoción y apoyo de la lactancia materna adoptada por todos los participantes en la reunión de la OMS/UNICEF sobre“Lactancia Materna en los 90’s: una iniciativa mundial, co-patrocinada por la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (A.I.D.) y la Autoridad Suiza para el Desarrollo Internacional (SIDA)”, celebrada en Florencia en 1990;
4) Por su parte, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres, también ratificada por Chile, en su artículo 12, garantiza que las mujeres deben gozar de los servicios apropiados en relación con el embarazo y la lactancia.

Cabe resaltar en este sentido la importancia que reviste la protección del ejercicio libre y sin restricciones de la lactancia materna en público, puesto que cumple con un objetivo social de psico-educación a la población, que normaliza el acto del amamantamiento y lo incluye como un hecho natural dentro del inconsciente colectivo exento de consideraciones valóricas relacionadas con la moral o buenas costumbres, favoreciendo así su incentivo al ser un acto que se aprende y asimila porimitación. En este entendido han actuado países como Escocia, Inglaterra, algunos estados de Estados Unidos y Australia, entre otros, consagrando el derecho a amamantar en cualquier lugar público o privado independiente si el pezón resulta o no expuesto (normativa Estado de Nevada), señalando expresamente que es una cuestión de salud pública y no de moral o buenas costumbres públicas (Estado de Pensilvania y Provincia de Ontario en Canadá), colocando además la prohibición a terceros de inhibir o limitar el derecho de una mujer a amamantar en público (Estado de Utah), sancionando toda conducta que limite o restrinja el amamantamiento especialmente en recintos comerciales de acceso público, entre otros.

A este respecto, nuestra legislación está en deuda, habiendo abordado sólo en parte los requerimientos internacionales en el tema, centrándonos básicamente en la promoción y fomento de la lactancia materna en el ámbito de las redes de salud pública (ley 20.379 que crea programa Chile Crece Contigo) y en el campo laboral de las madres trabajadoras (con la ley 20.166 que extendió el derecho de las madres trabajadoras a amamantar a sus hijos aun cuando no exista sala cuna), dejando de lado el tratamiento integral que se requiere dar a la lactancia materna para conseguir el objetivo de otorgar su protección real y efectiva, en resguardo de los derechos de niños, niñas, madres y sociedad en general.

Lo expuesto anteriormente justifica ampliamente entonces la necesidad de legislar los ámbitos olvidados, como la prohibición de publicidad y/o promoción de sucedáneos de leche materna humana (o fórmulas para lactantes), la protección del libre ejercicio de la lactancia materna humana sin limitaciones ni restricciones en todo tipo de espacios o recintos y la extensión de la protección al proceso de extracción de leche materna con la finalidad proteger la salud de la madre o de almacenarla para su posterior entrega a lactantes. (Como sucede por ejemplo con madres que no están en contacto permanente con el hijo por el desarrollo de actividades laborales o estudiantiles; así como el sistema de Banco de Leche Materna Humana implementado por el Hospital Sótero del Río).

Corresponde entonces establecer una protección a niños y niñas en el ejercicio pleno de los derechos que les pertenecen como persona independiente de su edad, dentro de los cuales se encuentra el de alimentación y conexión sensorial con sus cuidadores previniendo su vulneración y sancionando toda conducta tendiente a anular su individualidad mientras recibe alimento. Asimismo, se debe consagrar la función social que cumple la maternidad protegiendo el acto de amamantamiento de la mujer, de todo tipo de reglamentaciones o conductas que tiendan a intervenir o restringir de cualquier forma su libertad en el ejercicio de su derecho a amamantar a sus hijos e hijas cualquiera sea su edad o condición, sancionando toda vulneración que la afecte, resguardándose así mismo la protección de la mujer en el proceso de extracción de la leche materna.

En mérito de los antecedentes y consideraciones señaladas, sometemos a la aprobación del Senado de la República el siguiente: 

Proyecto de ley.

Artículo 1° La presente ley tiene por objetivos principales:
1) Asimilar la lactancia con leche materna o lactancia materna como un derecho fundamental de la infancia, y como un derecho de las madres y a la vez como deber de éstas en caso que las condiciones de salud no lo impidan;
2) Fomentar, promover y proteger el amamantamiento o la lactancia por leche materna en todos los sectores de la sociedad como el medio óptimo e irremplazable para la alimentación y desarrollo integral de niños y niñas a lo menos hasta sus dos años de edad, y además para la protección de su salud y la de sus madres;
3) Resguardar y asegurar el libre ejercicio de este derecho previniendo y sancionando en su caso todo tipo de intervenciones que lo limiten o restrinjan;

Artículo 2° La lactancia materna y el amamantamiento constituyen un acto de la naturaleza humana y por tanto la exposición de los pechos de una mujer amamantando en ningún caso será considerada como atentado al pudor, las buenas costumbres o la moral.

Artículo 3° Las madres tienen el derecho de amamantar libremente a niños y niñas cualquiera sea su edad o condición, en toda clase de lugares o recintos en que se encuentren o por el que transiten, sin que se impongan condiciones o requisitos que tiendan a ocultar o restringir el amamantamiento.
En consecuencia se prohíbe toda conducta que, directa o indirectamente, intervenga u obstaculice el libre ejercicio de este derecho de madres y lactantes.
La existencia de salas especiales de amamantamiento al interior de algún recinto serán siempre de uso voluntario para las madres y deberán contar en todo caso con condiciones adecuadas de higiene, comodidad y seguridad lo cual será supervisado por la autoridad de salud competente.

Artículo 4° Toda persona que de cualquier forma amenace, perturbe, obstaculice o impida el libre ejercicio del amamantamiento o lactancia materna será sancionada con las multas contempladas en el inciso segundo del artículo 12 de la ley N° 20.609, previo procedimiento judicial sustanciado, en conformidad a las normas establecidas en el Título II de la misma ley. Sin perjuicio de las demás acciones o recursos jurisdiccionales a que dé lugar la conducta por infraccionar otras normas jurídicas

Artículo 5° Cuando la infracción prevista en el artículo anterior sea cometida por una persona en el curso de su jornada laboral, será considerado, a efectos de esta ley como perpetrado también por el que contrató sus servicios, cualquiera sea el vínculo contractual que los ligue entre sí, sea que se trate de una persona natural o jurídica y que haya actuado o no con su conocimiento.

Artículo 6° Los establecimientos que presten atención de salud o cuidados a las madres y lactantes, deberán publicar a la vista del público un ejemplar del texto de la presente ley.

Artículo 7° La protección a la lactancia materna se extiende también a los procesos de obtención de leche materna distintos al amamantamiento directo, debiendo crearse mecanismos que otorguen a las madres facilidades y condiciones sanitarias adecuadas para la extracción de la leche materna, para su manipulación, conservación y entrega a los lactantes, según el lugar en que se encuentren. El cumplimiento de este deber será supervisado por la autoridad de salud competente.

Artículo 8°. Modifíquese el artículo 18 del Título I del Código Sanitario, eliminándose en el inciso primero, la frase “por sí misma” y deróguese su inciso segundo.

Artículo 9°. Modifíquese el artículo 1° de la ley 20.670 que crea el Sistema Elige Vivir Sano, agregándose un inciso final del siguiente tenor: “Para todos los efectos se entenderá que la lactancia con leche materna o lactancia materna es el medio óptimo e irremplazable para asegurar la alimentación saludable de lactantes al menos hasta sus dos años de edad y además constituye la forma más eficiente de protección a la salud integral de madres e infantes lactantes”.

Artículo 10. Modifíquese el artículo 11 de la Ley 20.379 que Institucionaliza El Subsistema De Protección Integral a la Infancia “Chile Crece Contigo”, agregándose un inciso segundo del siguiente tenor: “Se dará especial relevancia al fomento, protección y apoyo intersectorial a la lactancia materna humana exclusiva hasta los seis meses de edad de infantes lactantes, y su continuación a lo menos hasta los dos años de edad complementada con otros alimentos. Se extiende la protección a los procesos de obtención de leche materna distintos al amamantamiento directo, especialmente en lo que respecta a la salubridad y seguridad en su extracción, manipulación, conservación y entrega a los lactantes. Se deberán coordinar las políticas públicas necesarias para tal efecto, con especial énfasis en las áreas de educación y salud públicas y privadas”.

El martes 30 de junio de 2015 la Comisión de Salud del Senado discutió y aprobó en términos generales el Proyecto de Ley Criamor que busca fomentar la lactancia materna, promover su extensión en sociedad y proteger a madre e hijo/a contra todo impedimento hacia el libre ejercicio de la lactancia materna.

Ahora el proyecto pasará a ser tratado en sala por lo que las organizaciones promotoras de esta iniciativa, ONG Abogadas Pro Chile, ONG Criamor y Revista Mamadre, han pedido apoyo transversal a la Cámara de Diputados y la urgencia al Gobierno para acelerar el proceso de aprobación de esta legislación.

Espero de corazón que esta ley sea promulgada luego, para que todas las madres que trabajamos contemos con un respaldo legal en nuestros trabajos, que nos permita prolongar la lactancia materna mucho más allá de los 6 meses.

Con cariño, Doctora Mamá.


miércoles, 8 de julio de 2015

La Crianza con Apego

Al empezar a investigar sobre La “Crianza con Apego” (o en inglés, attachment parenting), lo primero que busqué fue sobre sus orígenes, encontrando que fue un término acuñado por el pediatra William Sears, definiéndola como “una corriente basada en los principios de la teoría del apego”, término a su vez acuñado por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby en la psicología del desarrollo. Así como encontré muchísimos autores con diferentes definiciones, todas finalmente se basaban en lo que planteaba su autor original.

Según la teoría del apego de Bowlby, un fuerte lazo emocional con los padres durante la infancia, también conocido como “apego seguro”, es precursor del desarrollo de una personalidad segura e independiente, un buen comportamiento, independencia, y relaciones buenas y sanas. Este tipo de crianza tendrá efectos positivos durante toda la niñez, adolescencia y adultez. Esta teoría también plantea que el niño tiene tendencia a buscar proximidad con una persona y sentirse seguro cuando esa persona está presente; a diferencia del planteamiento de Sigmund Freud, que defendía que el apego era una consecuencia de la necesidad de satisfacer varios deseos. 

Según la teoría de Bowlby, el apego se considera parte de un sistema biológico y los niños están naturalmente unidos a sus padres porque son seres sociables, no simplemente porque necesitan a otras personas para satisfacer sus deseos; el apego es parte normal del desarrollo del niño. Y con esta definición me bastó para entender que eso era lo que yo quería para criar a mis hijos.

La Attachment Parenting International (API), partidarios de la crianza con apego del Dr. Sears, intentan fomentar un vínculo seguro con los hijos mediante ocho principios que se identifican como metas a conseguir por los padres. Estos ocho principios son:

  1. Preparación para el embarazo, el nacimiento y la paternidad.
  2. Alimentación con amor y respeto.
  3. Respuesta sensible a las necesidades del bebé desde que nace.
  4. Contacto materno el mayor tiempo posible.
  5. Propicio del sueño seguro físicamente y emocionalmente.
  6. Propicio del cuidado cariñoso constante.
  7. Práctica de la disciplina positiva.
  8. Búsqueda del equilibrio entre la vida personal y familiar.

Estos valores se interpretan de diversas maneras por todo el movimiento pro crianza con apego. Algunos padres incluso se van al extremo y eligen vivir una forma de vida familiar natural, tal como el parto natural, el nacimiento en casa, criar en casa, educación en el hogar, aprendizaje natural, el movimiento anti-circuncisión y vacunación, salud natural sin medicamentos, movimientos de cooperativa y consumo de alimentos orgánicos, entre otras cosas. Pero como siempre he dicho, todos los extremos son malos.

Si leemos con detención, la lista no enumera nada del otro mundo, son cosas que cualquier madre o padre hace por instinto. Yo al menos no hubiese necesitado leer ningún libro del Dr. Sears para saber que el contacto materno el mayor tiempo posible con mis hijos es algo beneficioso para ambos.

De acuerdo a su teoría, el Dr. Sears no requiere que los padres sigan estrictamente ningún conjunto de reglas, sino que anima a los padres a ser creativos al responder a las necesidades de sus hijos. La crianza con apego, fuera del modo del Dr. Sears, se centra en las respuestas que respaldan los vínculos seguros. Y según eso, es que he llegado a la conclusión que la crianza con apego no se trata de algo nuevo ni una moda, como le han llamado algunos, sino más bien se trata de volver a los orígenes, es sólo seguir el instinto maternal y paternal.

Conversando un día con mi abuelita, me contaba que cuando era pequeña era normal dormir con su madre. Ella y sus hermanos lo hicieron. Ahora le llamamos colecho o co-sleeping, para ella simplemente era la única forma que conocía para dormir. Lo mismo con la lactancia materna, en esos tiempos no existían las fórmulas lácteas y los bebés no morían de hambre. ¿Cómo lo hacían? Poniendo al bebé a lactar más seguido al pecho. También recuerda que su mamá los cargaba a la espalda “tal como las bolivianas, porque era lo más cómodo para la madre y el bebé, y así podía hacer las cosas de la casa sin problemas”. Ahora yo le llamo “porteo con fular”. Si nos damos cuenta,  es lo mismo sólo que con casi 100 años de diferencia y nombres técnicos.

Como lo dije anteriormente, ser padres pro crianza con apego, para mí no es más que seguir nuestros instinto mamífero, aquél para lo cual la naturaleza sola nos prepara. La diferencia es que ahora ya sabemos que hay alguien que lo estudió, planteó una teoría y consignó una serie de pilares para ello. Y que la ciencia lo respalda, como verán en los artículos que iré presentando más adelante.

¡Viva la crianza con apego!

Con cariño, Doctora Mamá.


viernes, 19 de junio de 2015

¡Bienvenida a El Blog de Doctora Mamá!

¡Bienvenidos amigos bloggers!

He decidido iniciar este nuevo proyecto destinado para que mamás, papás, abuelos y familia en general conozcan y aprendan los pro del apego y la crianza respetuosa hacia nuestros hijos, fundamentados desde un punto de vista médico, así también para derribar mitos en torno a esto.

Les iré contando variados temas desde la experiencia propia con mis hijos y las aventuras que conlleva esto día a día.

Contaremos con el aporte de diferentes profesionales invitados, que desde su perspectiva nos darán consejos sobre diversos temas específicos relacionados.

También formarán parte de este proyecto tiendas y emprendimientos amigos que van en la línea del apego y la crianza respetuosa.

Espero que lo publicado en este Blog les sea de utilidad, ya que es un proyecto creado con mucho amor y dedicación.

Con cariño, Doctora Mamá.