martes, 23 de junio de 2015

Conociendo a mi bebé (Parte I)

Una de las cosas que siempre hago cuando me compro algo nuevo es explorarlo, para conocerlo y familiarizarme con él. Lo mismo nos pasa cuando nacen nuestros hijos. En cuanto llegamos a casa por primera vez después del alta, estamos llenos de emoción y ansiedad. Estamos a solas juntos por primera vez y sentimos la necesidad de empezar a conocernos.

Hace casi ya dos meses, cuando tuve esa maravillosa primera experiencia, apenas llegue a casa preparé la habitación para que tuviera una temperatura agradable y luz natural, dejé a mano toallitas por si acaso, cogí a nuestro hijo, le quité toda la ropa, lo coloqué sobre la cama y empecé la aventura  en colores, explorándolo de arriba abajo, por delante y por detrás. Y para mi gran sorpresa, descubrí cosas inesperadas.

Es por eso, que he considerado importante hacer una revisión guiada de la exploración del bebé, para que estando ya en casa no entremos en pánico si encontramos algo que no vimos o que no nos dijo el pediatra antes de darnos el alta.

Aviso número uno: los bebés son flexibles, no se rompen con tanta facilidad como pensamos los padres al principio. Como recomendación, al tomar y mover a un recién nacido lo fundamental para no hacerle daño es evitar hacer movimientos bruscos de la cabeza del bebé, a excepción de eso lo demás aguanta bastante bien.

Bueno, empezaré por la visión general de un bebé normal.

La postura normal si está tranquilo y despierto consiste en brazos y piernas ligeramente flexionados y con movimientos más o menos animados. A veces, ante cambios de postura o sonidos fuertes, hacen movimientos rítmicos de brazos, piernas o el labio inferior, como una especie de temblor. No son convulsiones. Es algo normal en los recién nacidos debido a la inmadurez de su cerebro y sistema nervioso. Se conoce como reflejo de Moro.

El cuerpo puede estar cubierto de un pelo muy fino, llamado lanugo, el cual tiene una función protectora. Tendrá más cantidad mientras más prematuro sea. A veces une la frente con las cejas y baja por la espalda a todo lo largo y los hombros. Suele caerse entero a los pocos meses del nacimiento.

Eso mismo le pasa al pelo de la cabeza, y entre los 6 y los 9 meses casi todos los bebés están pelados. A partir de ahí el pelo que le salga poco a poco irá presentando las características del que será el suyo definitivo.

También pueden quedarle restos de una grasa blanquecina, el vérmix, que al igual que el lanugo, los cubre por completo durante su formación en el útero y del que al nacer también podemos encontrar más cantidad cuanto más prematuro sea. A medida que va avanzando el embarazo va desapareciendo, de modo que en el recién nacido a término (sobre 37 semanas) apenas hallamos pequeñas cantidades entre los pliegues, axilas o en el pelo.

En relación a la piel del bebé recién nacido, es mucho más fina y delicada que la piel del adulto, siendo aproximadamente de un grosor 10 veces menor que esta. La coloración normal es rosada, aunque depende de las características de la tonalidad de base. Puede tener un ligero tinte amarillo, lo cual se conoce como ictericia. Esto es algo común y normal en la mayoría de los recién nacidos (ictericia fisiológica), principalmente debido a la inmadurez del hígado para procesar la bilis o por hipoalimentación por leche materna. Causas menos frecuentes son problemas por incompatibilidad de grupo sanguíneo con la madre, infecciones o malformaciones de la vía biliar. Esta coloración amarilla va distribuyéndose desde la cabeza en dirección a los pies. Si notamos que es muy intensa o que va alcanzando el abdomen o extremidades del bebe, es mejor consultar con el pediatra o en un servicio de urgencias ya que puede ser una ictericia que requiera de tratamiento. 

También podemos encontrarles granitos en su rostro. Esto se conoce como milia. Parecen perlitas, son diminutos, blancos o amarillentos (de 1 a 2 mm de diámetro), brotan en la cara del 40% de los recién nacidos (en casos muy raros, en el pene y en las piernas). Recuerdan a las espinillas, aunque son mucho más pequeños, y no están infectados. Suelen aparecer en la nariz y en las mejillas, aunque también en la frente y mentón. Surgen por la obstrucción de los poros, causada por la propia secreción de la piel. Cuando esta milia sale en las encías y el paladar, se denomina perlas de Epstein; también son inofensivas y desaparecen al tercer mes. Esto no necesita tratamiento: no apliquen ninguna crema o pomada, desaparecen en un mes y no dejan marca.

En cuanto al cuerpo, los bebés suelen ser simétricos, es decir, los brazos y piernas son de igual longitud y con pliegues similares. Pero la guatita no lo es: antes de comer suele abultar más el lado derecho, y después de comer el izquierdo. Esto es debido a que el hígado (que está a la derecha) de los bebés es mucho mayor en comparación que el de los adultos y cuando el estómago está vacío antes de comer, ocupa casi un tercio del abdomen. Pero después de comer, sobretodo si son muy tragones, el estómago (que está a la izquierda) puede llegar a abultar aun más.

Ahora que ya conocemos el aspecto general normal de nuestro bebé, podemos estar más tranquilos. En los próximos artículos iremos revisando cada segmento corporal del bebé, de arriba a abajo con más detalle. 

Con cariño, Doctora Mamá.


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