El cuello de los bebés es corto en relación a su cuerpo y en los que están más gorditos se hacen pliegues. En algunos casos podemos notar que el recién nacido siempre lo tiene girado hacia el mismo lado. Y a veces al tocarlo, notamos un bulto. Esto es a veces consecuencia de que en la extracción durante el parto se haya hecho un hematoma en uno de los músculos esternocleidomastoideos del cuello. Si esto ocurre es recomendable hacerle ejercicios de rehabilitación para recuperar el movimiento normal de su cuello.
A veces podemos notar un bulto en alguna de las clavículas de un recién nacido, que no aparece en la otra. Se puede acompañar de crepitación (sensación de tocar burbujas de aire) y dolor al tocarla y es frecuente que mueva menos el brazo de ese lado. Si tiene todo esto, es una fractura de clavícula. Es relativamente frecuente en los partos, sobretodo en bebés muy grandes. No es por hacer mal el parto, sino que a veces el bebé no sale y es mayor el riesgo de que permanezca ahí encajado (que puede causar falta de oxígeno cerebral con secuelas graves) que los problemas de romperse una clavícula. Cura sola. No se inmovilizan con yeso, ni con vendas, ni nada. Simplemente para moverla lo menos posible al vestirlo y desvestirlo se pone siempre primero la manga del brazo malo y se saca siempre la última la de este mismo brazo.
Es frecuente que los primeros días de vida se hinchen los pechos, tanto en niñas como en niños. Las causantes son las hormonas de la madre responsables de la subida de la leche, que al pasar al recién nacido en el parto estimulan el crecimiento de las glándulas mamarias de ambos. Incluso llegan a dar leche en algunos, lo que es conocido como “Leche de Brujas”. Si esto ocurre es importante no apretarlos, para que no sigan hinchándose y al final acaben infectándose. Si no se tocan se van bajando solos en pocos días.
Como dije en el primer artículo de esta serie, el abdomen es muy llamativo por su tamaño, y más aún después de comer. Si se fijan en cómo respira, se darán cuenta de que lo hace moviendo más la guatita que el pecho. Por esta razón, no deben usarse fajas para el ombligo, ya que pueden estar tan sueltas que no sirven para nada o si aprietan mucho dificultan la respiración del bebé. De cualquier modo se ha comprobado que los niños que tienen una hernia en el ombligo no se escapan de operarse por ponerles una faja.
En cuanto al cordón umbilical, hay dos tipos. Está el cutáneo, que desde la barriga tiene un trozo de aproximadamente un centímetro que está cubierto de piel y después sigue como gelatina, que es el cordón propiamente dicho. Por dentro de esa gelatina puede verse el trayecto de 3 vasos sanguíneos (dos arterias y una vena). El otro tipo de cordón es el mucoso, que desde que sale de la guatita presenta ya gelatina sin piel. El normal es el primero, y esa piel cuando se caiga el cordón se replegará hacia el centro formando el típico ombligo en forma de “botón”. Cuando el cordón es mucoso por el contrario, al desprenderse, la piel de alrededor se arruga formando la otra forma característica: como una estrella o asterisco.
Las hernias, si las hay pueden ser de distintos tipos. La más frecuente es como un bulto justo bajo el ombligo que aumenta con el llanto o al apretar la guatita para hacer caquita. Si aumenta, pero disminuye de tamaño al relajarse, es que es mínima y con casi total seguridad desaparecerá sola. Cuando se mantiene sin reducirse nunca, es más probable que tenga que acabar operada, sobretodo si llegado el momento de que el niño empiece a andar no se ha reducido. La operación de todos modos (llamada hernioplastía) es bastante simple y no reviste complicaciones graves casi nunca. Menos frecuentes son las hernias en otras localizaciones: las inguinales, como su nombre indica en una de las ingles y a veces en las dos. Aunque son menos frecuentes es más fácil que se acaben operando que las umbilicales. Y las supraumbilicales en la línea media de la guatita, entre el ombligo y el pecho. Estas ceden solas casi siempre.
Las hernias son blandas. Insisto en esto porque en la línea media entre la guatita y el pecho podemos notar un punto muy bien definido que se nota más cuando el bebé toma aire y que es duro. Esto no es una hernia. Es el apéndice xifoides, la punta inferior del esternón (el hueso al que se unen las costillas en el centro del pecho), que puede tener distintos grados de inclinación haciéndola más o menos evidente. El propio esternón según su inclinación puede dar distintas formas de pecho. Si su parte inferior se inclina hacia fuera forma el llamado “pecho en quilla”, mientras que si se inclina hacia dentro forma el “pectum excavatum”. No suelen dar mayores problemas si no son muy marcados.
Algunos niños al nacer pueden tener en el pecho o en la guatita pezones supernumerarios. Es decir más de dos pezones. Si trazamos dos líneas que unan los pezones normales con sus respectivas ingles, las accesorias aparecen siempre en esas líneas. Son como otro pezón pero generalmente más pequeños. A veces una manchita mínima que parece como si se hundiera en el centro. Aunque en algún caso son completamente iguales a los normales pero por debajo de ellos. Mantienen su tamaño en relación al cuerpo por lo que no parecen crecer, pero se mantienen para toda la vida. Con la pubertad suelen oscurecerse un poco y en los varones crecen los mismos pelitos de vello que salen en torno a los pezones. En las niñas raramente se desarrollan creciendo una mama por debajo, pero cuando esto ocurre suelen extirparse, por motivos estéticos y porque a la larga tienen un riesgo de aparición de tumores mayor que en una mama normal. Al igual que los apéndices y fístulas preauriculares que nombré en al artículo anterior, antes se han relacionado con la aparición más frecuente de malformaciones de riñón y vías urinarias que pueden descartarse haciendo una ecografía. Aunque su realización no es ni imprescindible ni urgente.
Con cariño, Doctora Mamá!
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